lunes, 9 de enero de 2017

EL FISCAL Y LA ENSALADA DE BERRO

-Alberto, vos sabés que los iraníes son los culpables. Vos sabés que fue Berro.
-Pero los hermanos dijeron...
-¡Un carajo los hermanos! Dos turcos de mierda que lo que están esperando es plata.  
-Pero Jaime, yo no puedo jugarme con esas declaraciones, yo necesito pruebas.
-Ellos están esperando ese fajo de guita. Ese toco que los salve. Y nosotros esperamos el momento propicio de anunciarlo. Pero ojo que tenés tipos como Toma que lo ratifican... y vos sabés quién es Toma.
-Sí, la SIDE.
-Y bueno, ya está, Berro es Hezbolá, Hezbolá es Irán. Irán es el blanco cuando un presidente con más huevos que este negro quiera empezar la guerra que se retrasó treinta años ahí. La AMIA puede ser la llave hacia la pólvora.
-Por eso es muy delicado
-Vos sabías que ibas a jugar duro, te encontraste con gente que te dio apoyo, medios, datos. No los podés decepcionar, Natalio...
Cuánto le molesta que le diga Natalio, el nombre que dejó hace añares para llevar el artístico de Alberto. Natalio es blando, es como esa canción de Sui Generis, "Natalio Ruiz".
Natalio es casi casi Natalia, y bien se sabe que en la jerga policial, Natalia es nadie. 
Natalio es el único nombre que podía llevar esa mole de roca que era Bonavena, un chiste ubicado detrás del Oscar para darle ritmo a "Oscar Natalio Bonavena". 
Que primero estaba el Ringo, apelativo de cowboy de spaghetti western, y después esa frase musical. 
Natalio era un comentario chistoso dentro de la humanidad ganadora y pétrea de Bonavena. Pero Natalio en él, era demasiado judío, blando, cobarde.
Los judíos nuevos, los judíos como él, los que entendían de bombas y terroristas, y viajaban casi como un James Bond dando cátedra sobre las células de Hezbollá, no se podían permitir ni una sola debilidad.
Que estaba bien el seder leído por el zeide, que le daba a la colectividad ese toque piadoso, y al mismo tiempo sabio, que estaban fenómeno los cuatro brindis y el matze, pero el mundo no se contentaba con esa caricatura judía. O sí. Pero no los judíos.
El judío rata, el judío escondido, el judío esperando ser transportado como oveja al matadero, el judío silencioso en el horno crematorio era parte de la comunidad, su savia y su rumbo, el motivo por el cual seguirían luchando desde la Tierra Prometida durante miles de años. Pero también era el porqué de las Fuerzas de Defensa, era el porqué de estos setenta años de guerra, eran la Haganá y el Irgún. Y él, Alberto Nisman, sin ese chirle Natalio, y con bríos de super héroe en el final de su apellido, formaba parte de la historia, de la sangre y del peligro. 
Como le escuchó decir a Walter White, el personaje de esa serie que tanto le había gustado, ahora su comunidad podía decir: "los judíos no estamos en peligro, los judíos somos el peligro",
Por eso sabía que ahora Horacio, Jaime, Pablo o Conrad, quién sabe, (si él cambiaba de nombre como de chip de teléfono, como de cara en los pasaportes, como de gobierno y lealtad), lo estaba pinchando. 
Lo sabía. Pero también sabía que los Berro (o Brro o Borro, o quizás Burro, estos árabes y esas letras intraducibles) se desdijeron al otro día, y nada menos que por la radio, con Hanglin. 
No con un... Verbitsky. Un tipo que de golpe hablaba de andar desnudo y de boludeces, los llamó y tuvo la exclusiva. 
Abbas, uno de los hermanos, le aseguró que había muerto en el Líbano, que ni siquiera pudo hacer un atentado, porque estaba incapacitado por un ataque de Israel sobre su país (ah, los bravos judíos que apartaban de un manotazo aquella tradicional melindre) y que al fin murió meses más tarde en otro bombardeo implacable de las Fuerzas de Defensa.
Cuestión que ahora, diez años después, el tipo le decía que volviera sobre la pista, que Berro en persona, rengo y todo, anduvo cuatro años antes en la Triple Frontera, que pasó desde allí hasta Buenos Aires, que recibió la Trafic blanca y no pasó un solo semáforo en rojo hasta llegar a la puerta de la AMIA.
-Hasta me cargaron, Horacio.
-Es él. Los tipos mintieron porque esperan la tajada. Ahora hay ADN, es cuestión de comparar el ADN con el de los hermanos...
Los tuvo allí, frente a frente, con la fiscal interrogándolos. Detroit. Michigan. Les hizo el anuncio a los familiares. Le dijo a Diana Malamud, en un café de Congreso: "lo tenemos, es él, lo tenemos".
Y de pronto, Hanglin y la radio y todo se fue al diablo.
Pero ahora es distinto, le dice Jaime, su sirena personal, el canto que no entiende de mástiles, ni de cuerdas ni de Ulises, porque el tipo es el barco y el mar.
Ahora es distinto.


 Toma insiste. Toma sabe que fue Berro. Toma jura que así fue y así será. 
Después de un paseo por el Potomac le aseguraron que esa era la verdad. 
Y quién puede dudar de Washington, de la CIA y sobre todo de la verdad. 
¿Qué? ¿Ustedes no pueden imaginar a un jefe de la SIDE convocado a Washington, paseandoen barco con el capo de la CIA?
¿Les parece muy inverosímil?
¿Qué tendrá La Nación para decirnos de esto?



http://www.lanacion.com.ar/438384-nuevas-relaciones-con-espias-de-eeuu










Próximo episodio: Entradas para la escena del crimen



2 comentarios: