miércoles, 18 de enero de 2017

(18 de enero de 2015, tumulto frente al edificio Le Parc, periodistas, camarógrafos, policías, ambulancias y curiosos. En un lugar privilegiado, junto a las cintas de “Peligro” que demarcan la zona, el oficial Mastronicola dirige el gentío y determina quién entrará y quién no)
Curioso 1: -¿Acá es donde mataron al ruso?
Oficial Mastronicola: -Más respeto, que está hablando de un fiscal de la Nación, caído en cumplimiento de las sacrosantas funciones pertinentes a la ley, delegadas por las instituciones argentinas.
Curioso 1: Ah, es el ruso de la tele
Oficial Mastronicola: -25 pesos la entrada. 40, con vistas desde la ventana del piso 12, 60 con selfie al lado del fiambre. 
Curioso 1-25 pesos?
Oficial Mastronicola: -Que sean treinta para el pipiolo.
Curioso 1: -¿30? ¡Ah, jaaa! ¿Y por qué?
Oficial Mastronicola: -Porque soy el oficial a cargo y ustedes vienen acá a aplastar todo, me ensucian la entrada del edificio, se llevan los indicios materiales como souvenirs y yo tengo que recibir una compensación, Así que 25 mangos o no ven ni al ruso ni el charco de sangre. 
Curioso 1: -¡Sos vivo, eh, sos vivo, eh!
Oficial Mastronicola: -Ustedes también: 40 pesos No me importa si tienen chicos. Como si no tuvieran ojos. Bué, bué, que los párvulos paguen 20 ¡Eh, qué te hacés el vivo vos! ¡Bajá del balcón! ¿Así que querés ver gratis a un héroe nacional en su último acto de servicio? Hay que pagar, hay que pagar.
(El oficial Mastronicola se aleja para controlar a otros curiosos)
 
Curioso 2: -Este es un vivo: quiere hacer guita a costa del ruso. Cuarenta años de escenas del crimen. Nunca pagué. Estuve en la escena del crimen de Lourdes Di Natale: caída desde un quinto piso. La de Juan Castro, caída desde un primer piso. Y la del mayor Alberte, caída desde un piso nueve. Por qué todas caídas. Porque este país es así, el que no corre, vuela. Ahora, que no me pase como me pasó con el brigadier Echegoyen, que yo estaba convencido de que era el brigadier por el uniforme y resulta que era Olmedo vestido el capitán Piluso. Nah, es joda, no lo vi porque había entrado Horacito ya.
Curioso 1: -qué pasa petiso, qué te metés, qué te metés, qué me importa si sos petiso, yo pagué 40 para estar adelante. ¡No empujen, no empujen que me voy a caer en el charco!
Curioso 2: -Qué pasa, querido, no podemos estar todo el día, pasó el de TN, pasó el de canal 9, hasta el de Crónica pasó y nosotros estamos acá. Pongan un horario y respétenlo carajo.
Oficial Mastronicola: -¡Sillas! ¿Quién quiere sillas? ¡A ver las mujeres! ¡Cinco pesos la silla! cachen una,  que cuando estén frente a la figura yacente del fiscal les va a dar un soponcio y se pueden caer y darse flor de golpe en la cabeza y más que turulatas quedarse finadas para siempre. ¡Y la policía no tiene presupuesto para hacer dos escenas del crimen! Que un cadáver con más de diez minutos de muerto, Horacito Stiusso le inventa una historia y te lo hace terrorista al servicio de Alá. ¡Sillas!

Curioso 1: -Este no piensa más que en la guita —¡No te subas a la silla petiso! ¡Ahhhhh ¿ven, ven? Como es enano se sube en la silla

Mujer: -¿Cuándo lo sacan, cuándo lo sacan, cuándo lo sacan?
Oficial Mastronicola: -¡Choripan, choripan, coma el rico choripan que después de esto, por mucho tiempo en este país no se van a nombrar, que con el héroe cívico en medio del charco de sangre se viene otra que reíte del 55! A lo chori, chori hecho con carne kasher en homenaje a nuestro héroe.
Curioso 3: -Cómo chori, es un muerto ilustre, es un héroe, es es es chimichurri eso, dame dos, uno para mí y otro para la nena.
Mujer: -Ahí viene, ahí vienen, esa es la viuda, esa es la viuda
Curioso 1: -Estaban separados, qué viuda.
Mujer: -Miren la madre, cómo sufre.
Curioso 1: -Esa petisa no es la madre, es la fiscal.
Mujer: -Bueno, pero sufre igual
Curioso 2: -Ella llamó al 911, llamó al 911.
Curioso 1: -Sí, y después sacó toda la guita.
Un descolgado: -Berni, Berni, me guiñó el ojo, Berni
Mujer: ¡Silencio! Están pidiendo silencio, hay que arrodillarse y rezar
Curioso 1: -No, hay que cantar el himno.
Curioso 2: -Cómo van a cantar el himno, no ve que era judío.
Curioso 1: -Y qué tiene que ver si era argentino y peleaba contra los iraníes.
Curioso 2: -¿Argentino? Más se quisiera, vivía más en Yanquilandia que acá, una medallita del Congreso, un viático del Departamento de Estado, un sobrecito de la CIA.
Oficial Mastronicola: -Eh, oiga, diga, no ensucie la memoria del fiscal que no es un felpudo. Era argentino, por más que de chico le enseñaron a hablar el wish wish.
Curioso 1: -Era israelí, la noticia la dio un periodista israelí que le mataron los abuelos en Alemania.
Curioso 2: -¿Y qué tienen que ver los abuelos?
Curioso 1: -Ah, no sé, pero siempre hay que decirlo.
(Presionando, el grupo se abre paso hasta el departamento. Las cabecitas se juntan en la puerta y se mueven como moscas)
Curioso 1: -Mire la computadora dónde está abierta, mire qué fotos, qué cuero, carne de exportación.
Oficial Mastronicola: -¡Y bueno, el hombre se tenía que distender! Porque antes que nada era hombre, y como Antonito es dueño de esos boliches, iba de invitado y le hacían masajes en salva sea la parte! Y no digo más nada que para el otro domingo ya le prometí una entrevista al gordo Lanata. Taca taca. Que no me la sople el portero que ya estuvo en matufia con ese Pacher, Pacher, que llegó bien temprano, como si los jacobos le hubieran pasado el dato, no sé si soy claro. ¡Señora, haga la fila y quédese atrás que la suya no es preferencial… ah, no sé lo que va a ver, pero para lo que pagó, confórmese con una gota de sangre. ¡Y dejen pasar que se vienen las selfies con el yacente al lado con los bracitos para arriba como en Cancún!
(El oficial Mastronicola se abre paso y subiéndose a una silla mira a todos, que siguen agolpados en la puerta)


Ay, dio mío, mirá cuánta gente vino, cómo se nota que era un tipo querido. Ay, dio mío, qué mal te veo yegua, asesina por telekinesis política, sombra terrible de la Patagonia que se vino a llevar un fiscal que estaba al servicio de la Patria… bué, no sé cuál, pero que estaba al servicio, estaba.
(18 de enero de 2015, tumulto frente al edificio Le Parc, periodistas, camarógrafos, policías, ambulancias y curiosos. En un lugar privilegiado, junto a las cintas de “Peligro” que demarcan la zona, el oficial Mastronicola dirige el gentío y determina quién entrará y quién no)
Curioso 1: -¿Acá es donde mataron al ruso?
Oficial Mastronicola: -Más respeto, que está hablando de un fiscal de la Nación, caído en cumplimiento de las sacrosantas funciones pertinentes a la ley, delegadas por las instituciones argentinas.
Curioso 1: Ah, es el ruso de la tele
Oficial Mastronicola: -25 pesos la entrada. 40, con vistas desde la ventana del piso 12, 60 con selfie al lado del fiambre. 
Curioso 1-25 pesos?
Oficial Mastronicola: -Que sean treinta para el pipiolo.
Curioso 1: -¿30? ¡Ah, jaaa! ¿Y por qué?
Oficial Mastronicola: -Porque soy el oficial a cargo y ustedes vienen acá a aplastar todo, me ensucian la entrada del edificio, se llevan los indicios materiales como souvenirs y yo tengo que recibir una compensación, Así que 25 mangos o no ven ni al ruso ni el charco de sangre. 
Curioso 1: -¡Sos vivo, eh, sos vivo, eh!
Oficial Mastronicola: -Ustedes también: 40 pesos No me importa si tienen chicos. Como si no tuvieran ojos. Bué, bué, que los párvulos paguen 20 ¡Eh, qué te hacés el vivo vos! ¡Bajá del balcón! ¿Así que querés ver gratis a un héroe nacional en su último acto de servicio? Hay que pagar, hay que pagar.
(El oficial Mastronicola se aleja para controlar a otros curiosos)
 
Curioso 2: -Este es un vivo: quiere hacer guita a costa del ruso. Cuarenta años de escenas del crimen. Nunca pagué. Estuve en la escena del crimen de Lourdes Di Natale: caída desde un quinto piso. La de Juan Castro, caída desde un primer piso. Y la del mayor Alberte, caída desde un piso nueve. Por qué todas caídas. Porque este país es así, el que no corre, vuela. Ahora, que no me pase como me pasó con el brigadier Echegoyen, que yo estaba convencido de que era el brigadier por el uniforme y resulta que era Olmedo vestido el capitán Piluso. Nah, es joda, no lo vi porque había entrado Horacito ya.
Curioso 1: -qué pasa petiso, qué te metés, qué te metés, qué me importa si sos petiso, yo pagué 40 para estar adelante. ¡No empujen, no empujen que me voy a caer en el charco!
Curioso 2: -Qué pasa, querido, no podemos estar todo el día, pasó el de TN, pasó el de canal 9, hasta el de Crónica pasó y nosotros estamos acá. Pongan un horario y respétenlo carajo.
Oficial Mastronicola: -¡Sillas! ¿Quién quiere sillas? ¡A ver las mujeres! ¡Cinco pesos la silla! cachen una,  que cuando estén frente a la figura yacente del fiscal les va a dar un soponcio y se pueden caer y darse flor de golpe en la cabeza y más que turulatas quedarse finadas para siempre. ¡Y la policía no tiene presupuesto para hacer dos escenas del crimen! Que un cadáver con más de diez minutos de muerto, Horacito Stiusso le inventa una historia y te lo hace terrorista al servicio de Alá. ¡Sillas!

Curioso 1: -Este no piensa más que en la guita —¡No te subas a la silla petiso! ¡Ahhhhh ¿ven, ven? Como es enano se sube en la silla

Mujer: -¿Cuándo lo sacan, cuándo lo sacan, cuándo lo sacan?
Oficial Mastronicola: -¡Choripan, choripan, coma el rico choripan que después de esto, por mucho tiempo en este país no se van a nombrar, que con el héroe cívico en medio del charco de sangre se viene otra que reíte del 55! A lo chori, chori hecho con carne kasher en homenaje a nuestro héroe.
Curioso 3: -Cómo chori, es un muerto ilustre, es un héroe, es es es chimichurri eso, dame dos, uno para mí y otro para la nena.
Mujer: -Ahí viene, ahí vienen, esa es la viuda, esa es la viuda
Curioso 1: -Estaban separados, qué viuda.
Mujer: -Miren la madre, cómo sufre.
Curioso 1: -Esa petisa no es la madre, es la fiscal.
Mujer: -Bueno, pero sufre igual
Curioso 2: -Ella llamó al 911, llamó al 911.
Curioso 1: -Sí, y después sacó toda la guita.
Un descolgado: -Berni, Berni, me guiñó el ojo, Berni
Mujer: ¡Silencio! Están pidiendo silencio, hay que arrodillarse y rezar
Curioso 1: -No, hay que cantar el himno.
Curioso 2: -Cómo van a cantar el himno, no ve que era judío.
Curioso 1: -Y qué tiene que ver si era argentino y peleaba contra los iraníes.
Curioso 2: -¿Argentino? Más se quisiera, vivía más en Yanquilandia que acá, una medallita del Congreso, un viático del Departamento de Estado, un sobrecito de la CIA.
Oficial Mastronicola: -Eh, oiga, diga, no ensucie la memoria del fiscal que no es un felpudo. Era argentino, por más que de chico le enseñaron a hablar el wish wish.
Curioso 1: -Era israelí, la noticia la dio un periodista israelí que le mataron los abuelos en Alemania.
Curioso 2: -¿Y qué tienen que ver los abuelos?
Curioso 1: -Ah, no sé, pero siempre hay que decirlo.
(Presionando, el grupo se abre paso hasta el departamento. Las cabecitas se juntan en la puerta y se mueven como moscas)
Curioso 1: -Mire la computadora dónde está abierta, mire qué fotos, qué cuero, carne de exportación.
Oficial Mastronicola: -¡Y bueno, el hombre se tenía que distender! Porque antes que nada era hombre, y como Antonito es dueño de esos boliches, iba de invitado y le hacían masajes en salva sea la parte! Y no digo más nada que para el otro domingo ya le prometí una entrevista al gordo Lanata. Taca taca. Que no me la sople el portero que ya estuvo en matufia con ese Pacher, Pacher, que llegó bien temprano, como si los jacobos le hubieran pasado el dato, no sé si soy claro. ¡Señora, haga la fila y quédese atrás que la suya no es preferencial… ah, no sé lo que va a ver, pero para lo que pagó, confórmese con una gota de sangre. ¡Y dejen pasar que se vienen las selfies con el yacente al lado con los bracitos para arriba como en Cancún!
(El oficial Mastronicola se abre paso y subiéndose a una silla mira a todos, que siguen agolpados en la puerta)


Ay, dio mío, mirá cuánta gente vino, cómo se nota que era un tipo querido. Ay, dio mío, qué mal te veo yegua, asesina por telekinesis política, sombra terrible de la Patagonia que se vino a llevar un fiscal que estaba al servicio de la Patria… bué, no sé cuál, pero que estaba al servicio, estaba.

lunes, 9 de enero de 2017

EL FISCAL Y LA ENSALADA DE BERRO

-Alberto, vos sabés que los iraníes son los culpables. Vos sabés que fue Berro.
-Pero los hermanos dijeron...
-¡Un carajo los hermanos! Dos turcos de mierda que lo que están esperando es plata.  
-Pero Jaime, yo no puedo jugarme con esas declaraciones, yo necesito pruebas.
-Ellos están esperando ese fajo de guita. Ese toco que los salve. Y nosotros esperamos el momento propicio de anunciarlo. Pero ojo que tenés tipos como Toma que lo ratifican... y vos sabés quién es Toma.
-Sí, la SIDE.
-Y bueno, ya está, Berro es Hezbolá, Hezbolá es Irán. Irán es el blanco cuando un presidente con más huevos que este negro quiera empezar la guerra que se retrasó treinta años ahí. La AMIA puede ser la llave hacia la pólvora.
-Por eso es muy delicado
-Vos sabías que ibas a jugar duro, te encontraste con gente que te dio apoyo, medios, datos. No los podés decepcionar, Natalio...
Cuánto le molesta que le diga Natalio, el nombre que dejó hace añares para llevar el artístico de Alberto. Natalio es blando, es como esa canción de Sui Generis, "Natalio Ruiz".
Natalio es casi casi Natalia, y bien se sabe que en la jerga policial, Natalia es nadie. 
Natalio es el único nombre que podía llevar esa mole de roca que era Bonavena, un chiste ubicado detrás del Oscar para darle ritmo a "Oscar Natalio Bonavena". 
Que primero estaba el Ringo, apelativo de cowboy de spaghetti western, y después esa frase musical. 
Natalio era un comentario chistoso dentro de la humanidad ganadora y pétrea de Bonavena. Pero Natalio en él, era demasiado judío, blando, cobarde.
Los judíos nuevos, los judíos como él, los que entendían de bombas y terroristas, y viajaban casi como un James Bond dando cátedra sobre las células de Hezbollá, no se podían permitir ni una sola debilidad.
Que estaba bien el seder leído por el zeide, que le daba a la colectividad ese toque piadoso, y al mismo tiempo sabio, que estaban fenómeno los cuatro brindis y el matze, pero el mundo no se contentaba con esa caricatura judía. O sí. Pero no los judíos.
El judío rata, el judío escondido, el judío esperando ser transportado como oveja al matadero, el judío silencioso en el horno crematorio era parte de la comunidad, su savia y su rumbo, el motivo por el cual seguirían luchando desde la Tierra Prometida durante miles de años. Pero también era el porqué de las Fuerzas de Defensa, era el porqué de estos setenta años de guerra, eran la Haganá y el Irgún. Y él, Alberto Nisman, sin ese chirle Natalio, y con bríos de super héroe en el final de su apellido, formaba parte de la historia, de la sangre y del peligro. 
Como le escuchó decir a Walter White, el personaje de esa serie que tanto le había gustado, ahora su comunidad podía decir: "los judíos no estamos en peligro, los judíos somos el peligro",
Por eso sabía que ahora Horacio, Jaime, Pablo o Conrad, quién sabe, (si él cambiaba de nombre como de chip de teléfono, como de cara en los pasaportes, como de gobierno y lealtad), lo estaba pinchando. 
Lo sabía. Pero también sabía que los Berro (o Brro o Borro, o quizás Burro, estos árabes y esas letras intraducibles) se desdijeron al otro día, y nada menos que por la radio, con Hanglin. 
No con un... Verbitsky. Un tipo que de golpe hablaba de andar desnudo y de boludeces, los llamó y tuvo la exclusiva. 
Abbas, uno de los hermanos, le aseguró que había muerto en el Líbano, que ni siquiera pudo hacer un atentado, porque estaba incapacitado por un ataque de Israel sobre su país (ah, los bravos judíos que apartaban de un manotazo aquella tradicional melindre) y que al fin murió meses más tarde en otro bombardeo implacable de las Fuerzas de Defensa.
Cuestión que ahora, diez años después, el tipo le decía que volviera sobre la pista, que Berro en persona, rengo y todo, anduvo cuatro años antes en la Triple Frontera, que pasó desde allí hasta Buenos Aires, que recibió la Trafic blanca y no pasó un solo semáforo en rojo hasta llegar a la puerta de la AMIA.
-Hasta me cargaron, Horacio.
-Es él. Los tipos mintieron porque esperan la tajada. Ahora hay ADN, es cuestión de comparar el ADN con el de los hermanos...
Los tuvo allí, frente a frente, con la fiscal interrogándolos. Detroit. Michigan. Les hizo el anuncio a los familiares. Le dijo a Diana Malamud, en un café de Congreso: "lo tenemos, es él, lo tenemos".
Y de pronto, Hanglin y la radio y todo se fue al diablo.
Pero ahora es distinto, le dice Jaime, su sirena personal, el canto que no entiende de mástiles, ni de cuerdas ni de Ulises, porque el tipo es el barco y el mar.
Ahora es distinto.


 Toma insiste. Toma sabe que fue Berro. Toma jura que así fue y así será. 
Después de un paseo por el Potomac le aseguraron que esa era la verdad. 
Y quién puede dudar de Washington, de la CIA y sobre todo de la verdad. 
¿Qué? ¿Ustedes no pueden imaginar a un jefe de la SIDE convocado a Washington, paseandoen barco con el capo de la CIA?
¿Les parece muy inverosímil?
¿Qué tendrá La Nación para decirnos de esto?



http://www.lanacion.com.ar/438384-nuevas-relaciones-con-espias-de-eeuu










Próximo episodio: Entradas para la escena del crimen